Las vías del crecimiento de acuerdo al nuevo PIB

El Departamento de Estadística Macroeconómica del Banco Central, liderando una red de instituciones, públicas y privadas, ha hecho un excelente trabajo al mejorar el cálculo del Producto Interno Bruto (PIB). Gracias a la metodología desarrollada, se cuenta con nuevas herramientas para realizar un diagnóstico macroeconómico de gran calidad, lo que es un mérito en el contexto latinoamericano.
Uno de los instrumentos que contiene esa mejora es la Matriz de Insumo Producto (MIP), que permite un estudio preciso de la estructura productiva nacional. Utilizando la MIP de 2012 hemos organizado los sectores productivos principales en seis grupos. Tal clasificación propicia un análisis estratégico del PIB, desde la perspectiva del desarrollo. El gráfico que acompaña a este comentario presenta la distribución de la producción final de acuerdo a los grupos citados y a los mercados donde se coloca tal producto. Los cilindros blancos muestran la parte de la producción que va al mercado local y los cilindros grises reportan la porción del producto que se exporta.


Grupos estratégicos. La agricultura, la ganadería y la agroindustria, junto a los servicios dinámicos (como el turismo), aparecen como el grupo más estratégico para el crecimiento. Dicho segmento productivo elabora casi la cuarta parte de la producción final. Se distribuye de manera pareja entre el mercado local y el mercado externo. Además, tiene la mayor capacidad de generación de encadenamientos, lo que conocemos como el multiplicador “hacia atrás” de la producción: la cantidad de colones adicionales que se producen en la economía a partir de la producción del grupo. Por cada 100 colones que se producen en este segmento, la economía produce, en promedio, 70 colones adicionales.
La actividad de la construcción (que incluye la elaboración de edificios y obras de infraestructura, y la amplia red de producción de sus materias primas e insumos) es otro grupo de importancia estratégica para el crecimiento. Aquí se genera el 12% de la producción final, con un multiplicador promedio de 67 colones por cada 100 colones producidos en el grupo.
Ensamblaje y servicios menos dinámicos. Con el modelo de sustitución de importaciones y el Mercado Común Centroamericano, hace seis décadas, surgió la industria de “primer ensamblaje” que compra en el exterior la mayor parte de sus materias primas y de sus insumos, así como la tecnología de producción. Aporta el 8% de la producción final, ahora con mayor énfasis en la exportación. Dicho grupo tiene una menor capacidad de generación de encadenamientos: su multiplicador promedio llega a 35 colones por cada 100 colones producidos en el grupo productivo. En las últimas décadas, basada en el esquema de zona franca, ha surgido la industria de “segundo ensamblaje” (que contiene a la producción de componentes para equipo de cómputo, la elaboración de instrumentos y suministros médicos y similares). Complementa a esta iniciativa, la producción de servicios menos dinámicos (como el apoyo administrativo y financiero, y similares). Ambas actividades se orientan a la exportación, aportando el 7% de la producción final. En este segmento el multiplicador es similar al primer ensamblaje. Sin embargo, por su tamaño, dicho segmento es un factor importante de creación de empleo en las zonas en donde opera, y tiene potencial de expansión en los momentos en que crece la economía mundial.
Actividades de apoyo y servicios sociales. Conforme las economías se modernizan, las actividades de apoyo (que contemplan al comercio, al transporte, a las finanzas, al suministro de agua y electricidad, y similares) y los servicios sociales ganan participación en la estructura productiva. Costa Rica no es la excepción, por lo que estos dos grupos absorben casi la mitad del producto final. Al respecto, debe mencionarse que se trata de actividades orientadas al mercado interno, por lo que su incremento depende de los estímulos locales de expansión. Asimismo, los encadenamientos que producen son más limitados que los observados en los sectores dinámicos citados al inicio.
El reto de la estrategia de crecimiento. Los datos citados muestran que la estructura productiva es diversa por lo que una estrategia de expansión debe ser amplia e inclusiva. No hay que sobre estimar a nadie, así como tampoco hay que olvidar el potencial de cada segmento productivo. Desde la producción rural, hasta las zonas francas, se debe generar un programa de incremento de la competitividad para aprovechar las oportunidades de los mercados externos, combinado con el fortalecimiento del mercado interno, en un contexto de eficiencia. Nada sobra en este esfuerzo.