Rodrigo Facio, el economista del siglo XX

En estos días ocurrió el centenario del nacimiento de Rodrigo Facio Brenes, una de las figuras más influyentes en el proceso de definición de la estrategia económica que aplicó Costa Rica en la segunda mitad del siglo anterior. Facio formuló una crítica profunda de la estrategia que orientó el desarrollo económico del país por aproximadamente un siglo, hasta mediados del siglo XX. Su agudo diagnóstico le permitió comprender con gran claridad la debilidad del “crecimiento hacia afuera”, sin vínculo con la dinámica interna económica y social. Por eso formuló una propuesta de desarrollo que combinaba el “crecimiento hacia afuera” con el “crecimiento hacia adentro”. Gracias a la dinámica política que vivió Costa Rica a mediados del siglo pasado, este pensamiento influyó en la estrategia de desarrollo que adoptó el país.
La crítica. Para Facio, el rezago de Costa Rica durante el período “cafetalero” se explicaba por la dependencia de un sector exportador limitado, que generaba una excesiva inestabilidad: “el monocultivo,… entraña permanentemente (una) amenazadora posibilidad: que una disminución en el volumen de la producción, una baja de sus precios o un desarreglo en el mecanismo de su tráfico internacional, produce ineludiblemente, una crisis de entidad nacional, pues no existen otras ramas económicas suficientemente fuertes e independientes” (“Estudio sobre economía costarricense”. Editorial Costa Rica. San José. 1972).
Además, la falta de un mercado interno sólido se relacionaba con la exclusión: “Mientras la densidad de nuestra población y sus necesidades han crecido ininterrumpidamente, la producción nacional de artículos indispensables de consumo inmediato, no ha seguido el mismo ascenso… (Esto) importa además, en el plano puramente humano, el gravísimo fenómeno del infra consumo popular permanente… El campesino, sobre todo, vive sumamente mal”
La propuesta. Ante esto, Facio consideraba que se debía aplicar una nueva estrategia de desarrollo que incluyera la expansión del mercado interno: “la finalidad de una política económica para el interior, debe ser el aumento y la diversificación de la producción nacional: así se atenuaría la preeminencia del café y con ello nuestra dependencia del exterior y todos los otros perjuicios del monocultivo.”
Pero, además de impulsar el mercado interno, se debía fortalecer estratégicamente a la exportación, acorde con las necesidades del desarrollo nacional: “No se trata de terminar con el café… sólo de emprender una campaña decidida para crearle al país nuevas fuentes de riqueza de mercado externo e interno… Conste claro: apoyaríamos, incluso, nuevas medidas de estímulo y protección para el café, siempre que fuesen ideadas como parte de un gran plan de reorganización y vigorización racionales y democráticas de la economía nacional.”
Por otra parte, la propuesta asignaba un papel a la inversión extranjera, de acuerdo a las necesidades de la expansión productiva nacional: “No se persigue simplemente el rechazo del capital extranjero… sino más bien de multiplicar su intervención cuando lo demanden las urgencias de nuestro desarrollo, pero sujetándola al contralor estatal, para que su actividad implique, sin mengua del legítimo interés foráneo, verdadero acrecentamiento de la riqueza patria.”
La estadística económica confirma la estrategia: durante las décadas del 50 y del 60, la producción para el mercado interno creció un 250%, mientras que la producción para exportación aumentó más del 300%. ¡El “crecimiento hacia afuera” se combinó con el “crecimiento hacia adentro”¡
La vigencia de Facio. El análisis económico de Facio y su influencia en la toma de decisiones de su época dan base para considerarlo el economista del siglo XX en el país. Su reflexión sigue válida hoy, ya que, en los últimos 30 años, se ha generado una estrategia económica que ha producido una estratégica diversificación exportadora, impulsando el crecimiento productivo; pero, simultáneamente, se mezcla con la exclusión y la reproducción crónica del desempleo y la pobreza. Hoy tenemos una quinta parte de la población activa, desempleada o subempleada, lo que se relaciona con una seria dificultad para impulsar encadenamientos productivos y con una política pública sin horizonte, tardía e ineficiente. Además, la desigualdad se profundiza constantemente, de acuerdo al índice de Gini que no muestra techo todavía. Es decir, el “crecimiento hacia afuera” no se articula adecuadamente con el “crecimiento hacia adentro”.

Publicado originalmente en nacion.com (Ver aquí)