El desempleo de Costa Rica es estructural

La estrategia de desarrollo de las últimas tres décadas se ha basado en el aprovechamiento de las oportunidades que brindan los mercados externos. Esto fue una decisión acertada que impulsó el crecimiento económico, lo que ha permitido duplicar el ingreso por habitante. Sin embargo, hoy observamos que dicha expansión productiva no es suficiente para generar los empleos que se necesitan para dar un trabajo de calidad a toda la población en condiciones de laborar. Aproximadamente 400.000 personas no tienen un trabajo apropiado, ya sea porque no lo tienen del todo, o porque trabajan parcialmente (lo que se denomina subempleo). En los últimos años la economía aumentó, en promedio, el nivel del empleo en 40.000 puestos anuales. Por lo tanto, el rezago en la creación de empleo de calidad equivale a diez años de crecimiento. Ese problema no se resuelve con acciones cosméticas. Estamos frente a un asunto estructural. El modelo de crecimiento apuntó correctamente hacia la exportación, pero ahora es claro que necesita una mejora.

La falta de arrastre. La estrategia de expansión aplicada a mediados del siglo anterior logró un acompañamiento interesante del mercado externo con el mercado local. Esa estrategia impulsó el crecimiento de la producción para el mercado interno en armonía con el proceso exportador. La ilustración que acompaña a este comentario, muestra que la producción para el mercado interno aumentó dos veces y media de 1952 a 1972. Pero, se acompañó de la expansión exportadora ya que la producción vendida en el exterior aumentó un poco más de tres veces. Lo anterior contrasta con lo sucedido en los últimos 25 años. Se observa en la ilustración mencionada que la exportación aumentó casi tres veces y media de 1992 a 2018. No sucedió lo mismo con la producción destinada al mercado local que creció rezagada: sólo aumentó dos veces, en tal período. Es decir, la actual estrategia de crecimiento no tiene arrastre suficiente de lo interno.

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La naturaleza del problema. La expansión exportadora de las últimas tres décadas se ha nutrido de productos industriales, agrícolas y agroindustriales; lo que se combina con el aumento notable de los servicios de exportación. Al respecto, es importante apreciar que este proceso se ha concentrado en actividades de ensamblaje, ubicadas en zona franca. Así, se ha generado una apreciable cantidad de empleos y de ingresos de exportación. Sin embargo, eso no es suficiente para superar el reto del desempleo. El encadenamiento de las empresas de ensamblaje es limitado. Por ejemplo, la joya de la corona, la producción de equipo médico, genera 27 colones en el resto de la economía por cada 100 colones que produce. Se trata de uno de los encadenamientos más bajos de la economía. Por el contrario, una actividad dedicada al mercado interno como carnes y embutidos genera 116 colones en el resto de la economía por cada 100 colones que produce, aportando uno de los encadenamientos más altos de la economía.

Además, la producción de ensamblaje requiere de trabajadores calificados. Estas personas se encuentran principalmente en el grupo de ingresos altos de la economía, lo que se conoce como el quintil 5. De acuerdo al INEC, la tasa de desempleo abierto de este grupo es 2%. Lamentablemente, en las actividades de ensamblaje hay poco espacio para las personas con menos educación, que se ubican en el grupo de población más pobre, denominado el quintil 1. En este quintil la tasa de desempleo abierto es 24%. En consecuencia, hay un desfase enorme entre la población que necesita empleo y las oportunidades que pueda brindar el ensamblaje. Así, el desempleo tiene rostro de pobre: el 70% de las personas con 15 años o más del quintil 5 obtiene empleo; en el quintil 1 sólo el 32% está empleado.

El reto. Por una parte, esta realidad obliga a generar una ampliación significativa del sector exportador, basada en actividades que generen encadenamientos altos. Aquí debe tomarse en cuenta a la agricultura, a la agroindustria y al turismo. Por otra parte, hay que replantear el papel del mercado interno, dándole un fuerte estímulo al consumo y a la inversión. En el campo del consumo se necesita una política clara de incremento de ingresos de los grupos más rezagados. En el plano de la inversión se debe acelerar el gasto en infraestructura, que se ha frenado por incapacidad de ejecución; y hay que generar condiciones propicias para que el empresario privado pueda invertir ágilmente.